La planta de cannabis contiene más de 100 cannabinoides, entre los que destacan 2 que son los de mayor presencia, el THC y el CBD .

El CBD o cannabidiol no es psicoactivo, como ocurre con el THC o tetrahidrocanabinol. Actualmente se sigue investigando por sus numerosas cualidades a nivel medicinal.

Científicos, profesionales de la salud están usando productos ricos en CBD para tratar un amplio rango de dolencias como el  cáncer, Enfermedad de Crohn, diabetes, artritis reumatoidea, transtorno por estrés postratumático, enfermedades cardiovasculares, ansiedad, infecciones resistentes a antibióticos, esclerosis múltiple o esquizofrenia.

Los orígenes del CBD se remontan a 1940 en el departamento de química de la universidad de Illinois en los EEUU de América. Allí, un equipo de investigadores logró aislarlo, si bien no llegó a atisbar los múltiples usos terapéuticos de ésta molécula.

Aunque este descubrimiento fué en los años cuarenta, hasta principios de los años 60 en Israel, donde el cannabis está legalizado para uso médico ,un equipo de científicos, que se dedicaba a investigar las propiedades terapéuticas del cannabis, lo “redescubrió” junto al otro gran cannabinoide del cannabis: el THC (tetrahidrocannabidiol).

Dentro del equipo destaca el profesor Raphael Mechoulan, del Centro de Investigación sobre el Dolor de la universidad Hebrea de Jerusalén, que junto a Yechiel Gaoni, del Instituto Weizman , en el año 1964,  fueron los primeros científicos en aislar y sintetizar el THC y el CBD con vistas a posibles efectos terapéuticos de tales moléculas.

El primer cannabinoide aislado fué el THC (Delta 9 tetrahidrocannabinol), poco tiempo después  el segundo cannabinoide más presente en la planta de cannabis, el CBD (cannabidiol). La principal diferencia entre el THC y el CBD es que el THC es psicoactivo, es decir,  es capaz de alterar nuestro estado de conciencia.

Esta diferencia hace que el THC, por lo tanto el cannabis en todas sus formas,  se encuentre dentro de la lista IV de sustancias estupefacientes de la Convención Única de 1961 de las Naciones Unidas, que engloba las sustancias más dañinas para el organismo.

A su vez esta diferencia marca también su estatus legal: mientras que el CBD no está fiscalizado por los convenios internacionales en materia de Drogas, el THC está dentro de la lista 1 de sustancias prohibidas (sustancias con potencial de abuso y sin ningún efecto terapéutico) a nivel internacional desde el convenio internacional de 1961 (si bien la primera ley de prohibición contra el cannabis se cifra en el 1937 en EEUU el “Marihuanna Tax Act”, que supuso, de facto, la prohibición del cultivo, transporte y comercio con cualquier derivado del Cannabis Sativa L).

Poco después se descubrió que los cannabinoides se acoplaban a unos receptores moleculares que tenemos distribuidos por todo el organismo (CB1, CB2, 5HT1A etc). Los receptores 5HT1A, son receptores serotoninergicos que se encuentran en el sistema nervioso central y el tracto gastrointestinal. La serotonina , o llamada hormona de la felicidad, es la que regula el sueño, el apetito, la libido, el estado de ánimo, el estrés, la agresividad, la temperatura corporal, el vómito, entre otras funciones fisiológicas. Cuando esta hormona sufre un desequilibrio todas estas funciones se pueden ver alteradas. El CBD se han comprobado que al interactuar con este neurotrasmisor le proporciona un efecto ansiolítico, relajante, antidepresivo y regulador del sueño.

El CBD es capaz de activar otros receptores, llamados TPRV, que se encuentran en el sistema nervioso central y el sistema periférico, y se encargan de la transmisión y percepción del dolor y de la sensibilidad térmica. por lo tanto, el CBD al actuar sobre ellos consigue controlar el dolor, y podemos obtener efecto analgésico.

Existen otros tipos de receptores llamados GPR55, los cuales se acoplan a la proteina G del organismo, estos pertenecen a la familia de receptores CB1 y CB2. Cuando estos receptores se activan , proliferan en células cancerígenas. El CBD en este caso cuando se administra actúa como un antagonista, es decir , bloquea los receptores GPR55, reduciendo la proliferación de esas celulas. Por su parte, el THC se cree que actúa de la misma manera ,bloqueando los receptores GPR55, pero administrado en dosis altas, controladas siempre por personal científico y medico. Sobre este tema en cuestión aún queda mucho por investigar, por lo que la ciencia sigue realizando estudios sobre ello.

El uso del CBD , como todo producto, puede generar efectos adversos en el organismo, pero en general se consideran leves o moderados. Entre estos se encuentran náuseas, fatiga, somnolencia, sequedad de boca, cefaleas o disminución del apetito. Todo esto se soluciona con el ajuste de la dosis o la suspensión del tratamiento.

Para cualquier duda siempre recomendamos hablar con un profesional de la salud para contorlar su correcto uso .

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